Un lugar llamado Kopu


Kopu es un lugar raro. Técnicamente es una localidad pero no tiene habitantes estables. O sea, tiene cuatro cuadras donde no hay ni una casa, sino pequeñas empresas, un outlet de ropa interior, un kiosco, un hotel, un bar, una estación de servicio y el motel donde estamos parando. Se recuesta sobre la ladera de un monte donde a la noche se escuchan ruidos extraños y tiene una sola conexión wifi que se agarra en los lugares más incómodos y a determinadas horas del día. Tal localidad es nuestro hogar actualmente.

El trabajo viene a media máquina. La temporada de blueberries todavía no explotó por lo que hacemos la recolección dos o tres días por semana. Lo bueno es que es bastante bien pago así que con eso nos alcanza para vivir. Lo malo es que no nos estamos haciendo ricos. Pero nuestro contratista indio Dharma nos aseguró que en enero la situación va a mejorar radicalmente. En él confiamos.

Mientras tanto tenemos que organizar actividades para mantenernos ocupados. Con los argentinos que viven al lado nuestro (entre los siete conformamos el 80 % de la tasa poblacional de Kopu) compramos una pelota de fútbol y jugamos un partido. Literalmente, un partido. Porque al terminar el encuentro descubrimos que la pelota se había pinchado. Fuimos a reclamar y milagrosamente accedieron a cambiarla por otra. Volvimos contentos con nuestra nueva adquisición y nos pusimos a jugar unos minutos al fútbol tenis. Literalmente, unos minutos. Porque en un tiro largo el balón se fue a los árboles y volvió a salir pinchado. A diferencia de la primera vez que no habíamos hecho nada, esta parecía ser nuestra culpa. Pero igual volvimos a ir al local a reclamar, ¿y adivinen qué? Nuevamente nos cambiaron la pelota. Es más, nos dejaron poner diez dólares extras y llevarnos una Wilson de mejor calidad.

Fútbol en Kopu

Con esta nueva y mejorada pelota jugamos un partido, lo soportó magistralmente, pero en la segunda ocasión que la usamos repitió el destino de sus predecesoras. Sí, aunque parezca increíble pinchamos tres pelotas en dos días. A Nueva Zelanda no le gusta el fútbol.

También hacemos algunos paseos, como el viaje a la curiosa playa de Hot Water Beach, donde hay un extraño río subterráneo que provoca que si cavás en la arena salga agua muy caliente (en algunas zonas hasta hirviendo). El negocio es alquilarte una pala por cinco dólares pero nosotros usurpamos un pozo abandonado para gozar de las bondades de ese spa natural.

Ro en Hot Water Beach

En el medio nos agarró la navidad, la cual pasamos entre argentinos comiendo fideos con salsa porque la carne es un poco cara y no tenemos donde hacer fuego. Después de las doce fuimos visitados por Marion, la dueña del motel, que nos invitó con unos bocaditos dulces de su producción a cambio de tomarse nuestra cerveza.

Hay algunos videos listos para subir pero la banda ancha de Kopu atenta contra la posibilidad de compartirlos con ustedes. Tendrán que esperar. Mientras tanto les deseamos un feliz año nuevo y que 2014 nos encuentre unidos y llenos de dólares. ¡Salud!

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