La hora del rugby


Después de tres meses de vivir en Nueva Zelanda no podía estirarse más. Hasta un partido de fútbol habíamos ido a ver pero nunca uno de rugby, siendo que este país es el que mejor practica este deporte. Así que el pasado viernes 21 fuimos a ver Crusaders contra Chiefs, la primera fecha del Super Rugby (anteriormente Super 15), el torneo de clubes más importante del hemisferio sur, donde participan equipos de Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda.

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Crusaders es de Christchurch, es el más ganador de este torneo (siete veces) y tiene en su equipo a varios jugadores de los All Blacks, como Richie McCaw, Israel Dagg, Kieran Read, Luke Romano, Colin Slade y Dan Carter, aunque a este último no lo pudimos ver por estar lesionado. Por su parte, los Chiefs son los últimos campeones del Super Rugby, también son de Nueva Zelanda (de la región de Waikato), y cuentan con varios internacionales en el equipo, como Liam Messam, Aaron Cruden y Tawera Kerr-Barlow.

La entrada costó 16 dólares (la más barata, of course), la cual no es muy cara si consideramos que es para ver rugby de primer nivel mundial. El estadio estaba completamente construido en base a tribunas tubulares desmontables, ya que la principal cancha principal de la ciudad fue afectada en el terremoto de 2011 y todavía no se terminaron las obras de reparación.

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Del partido no podemos hablar porque entendemos muy poco de rugby, pero hay que destacar la gran cantidad de gente (unas 20 mil personas), aunque la mayoría de ellos estaban bastante dispersos en la cancha. Como se puede tomar alcohol (en el mismo estadio te venden cerveza y vino) muchos estaban como en una reunión social, charlando y tomando algo, hasta incluso de espaldas a la cancha. Cada tanto durante alguna jugada de peligro se paraban todos para gritar pero enseguida volvían a sus asientos y seguían la charla con indiferencia a lo que pasaba en el campo de juego.

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Hinchas de los dos equipos compartiendo la misma tribuna

Otra cosa para destacar es el espectáculo que se monta alrededor del juego. De entrada, antes que los equipos salieran a la cancha aparecieron siete tipos a caballo vestidos como guerreros de las cruzadas (a las que hace mención el nombre de Crusaders, “Cruzados”) y le dieron tres vueltas al campo de juego mientras la gente agitaba las banderas rojas y negras del equipo local. En la segunda vuelta los jinetes se detuvieron frente a cada una de las tribunas y levantaron sus espadas para arengar al público, mientras que por los altoparlantes del estadio sonaba música épica.

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Al momento de salir Crusaders a la cancha, atrás de una de las tribunas cabeceras se elevaron columnas de fuego, espectáculo que se repitió cada vez que los locales anotaron puntos durante el partido. Para completar el show, durante el entretiempo salieron porristas a realizar una coreografía, también vestidas como guerreras de las cruzadas (aunque mucho más ligeras de ropa) y espadas.

Al final terminó ganando Chiefs, aunque los hinchas de ambos equipos (que compartían todas las tribunas) se retiraron felices por igual, como si hubieran tenido una salida de esparcimiento más que haber sufrido por el partido.

Y algo más que destacar. Para el comentarista de ESPN que se queja en los partidos de Los Pumas en Argentina que la gente silba a los rivales cuando van a patear, la realidad es que acá hacían exactamente lo mismo. No sólo eso, sino que también zapateaban sobre el piso de la tribuna para ponerlos más incómodos a los jugadores. Delicias de un mundo globalizado.

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