Un cuento chino (o Ganando el pan en Christchurch)


Al llegar a Christchurch comencé sin demoras la búsqueda de trabajo por todos los medios habituales: Internet, agencias de trabajo y personalmente en los negocios. Sin embargo, lo que me dio resultado fue un mensaje de texto enviado a un contacto que me brindó una de mis compañeras de vivienda en el primer hogar que nos recibió en esta ciudad.

Cindy me informó que el número correspondía a un anuncio que pedía gente para limpieza. Teniendo en cuenta que ella era proveniente de China y el sitio web donde vio el aviso también era de allí, debía imaginar que la entrevista a los cuatro días de escribir ese mensaje me la realizaría alguien del país asiático.

Daniel, dueño de la compañía Wisdom Cleaning (sí, tiene página, qué nivel), me recibió un lunes por la mañana en su oficina. Explicó que la empresa se dedicaba a brindar servicios de limpieza a constructoras, principalmente, dejando listas para habitar a las viviendas recién construidas. Tras una breve indagación sobre mi experiencia en el área, que se reducía a dos semanas de cleaning en un hotel de Thames, me hizo firmar unos papeles y me pidió que fuera al día siguiente a las ocho de la mañana para comenzar a trabajar.

El martes conocí a mis nuevos compañeros de trabajo y nuevamante, como era de esperarse, todos ellos provenían de China, excepto una mujer que era de Malasia. El jefe tuvo piedad de mí y me incluyó en el equipo que hablaba inglés, ya que los integrantes de la otra cuadrilla sólo se comunicaban en chino.

Contenta de que mis ojos pequeños se mimetizaran bien con el grupo, me dispuse a conocer las tareas concretas del puesto. Imaginaba químicos y equipamiento especiales pero resulta que el polvillo de obra se limpia con un trapo húmedo y otro seco, algunos hechos a partir de remeras viejas. La tarea es sencilla, aunque un tanto cansadora tras algunas horas. Lo positivo es que incluye bastante tiempo de traslado de una casa a la otra, lo que permite descansar y conocer todos los rincones de la ciudad, y que a los asiáticos les gusta tomarse descansos más largos que lo indicado.

Luego de unos días de trabajo, descubrí que la compañía también limpia oficinas, restaurantes (a que no adivinan de qué nacionalidad?) y casas de muestra, show homes en inglés, donde básicamente pasas un trapito seco por las superficies sacando polvo que en realidad no ves. Me intriga saber cuánto cobra la empresa por tan ardua y compleja tarea.

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El jefe se la juega con torta para los cumpleaños

Volviendo al cuento chino, en mi segunda semana de trabajo tuvo lugar lo inevitable: fui asignada al equipo que no hablaba inglés. Por suerte ya tenía unos días de experiencia encima, con lo cual sabía en general cómo desenvolverme, pero fue todo un desafío lograr distribuirnos los espacios de la casa a limpiar y hacernos entender qué partes ya estaban hechas y cuáles aun no.

Desde el día siguiente comencé a ir mejor preparada, con tablet en la mochila para tener un entretenimiento en los descansos que no sea intentar descifrar de qué estaban charlando mis compañeras asiáticas. Cada jornada suele cambiar el grupo con lo cual tengo días más orientales que otros, y a veces aún quienes hablan inglés se dirigen a mí en chino por inercia. Sí, las indicaciones que me dan son literalmente chino básico.

Hablando de indicaciones, cabe mencionar la ocasión en que me pidieron que lleve a su casa luego del trabajo a una de mis colegas. Acepté sin vacilar, pero advertí que no conocía bien el lugar donde vivía. “No te preocupes, ella te puede ir señalando el camino”, me dijeron. Tras algunos malentendidos y dos bocinazos llegamos sin perdernos a destino, todo un logro considerando que me señalaba la izquierda y me decía “Right” (derecha en inglés).

Y entre una cosa y la otra, ya va casi un mes de esta historia. Quién te dice que no termine hablando un nuevo idioma. Por el momento, 再见 (Chau!)

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Un comentario en “Un cuento chino (o Ganando el pan en Christchurch)

  1. David dijo:

    GENIA!!!!! Cuando te vuelvas me vas a tener que contar como caranchos llegaste ahí, y algunas cositas más. Ojalá ese viaje loco te esté llenando de anécdotas.

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