Año uno


Siendo la última noche en Nueva Zelanda me siento en la obligación de escribir algunas consideraciones generales sobre este año. Es decir, si narré tantas pavadas estos meses es casi una ley que filosofe un poco sobre la experiencia de vivir en la otra punta del mundo y bla bla ahora que llega a su fin.

La verdad es que no sé muy bien por donde empezar y tampoco es la idea hacer un resumen. Fue un año bueno, muy bueno, más que nada en lo personal. Lo económico ayudó aunque todavía no soy rico, de hecho estoy más lejos que antes de serlo.

Vine con un montón de prejuicios y me voy con otro tanto, aunque distintos je. Vine con algo de plata y me voy con menos, aunque voy a poder viajar dos meses y llegar fresquito a Australia para volver al trabajo. Vine con un poco de inglés y me voy con un poco más, no tanto como quisiera. No está tan mal viéndolo en perspectiva. Antes de salir de Argentina creía que esto sería Disneylandia (¨vamos a sacarles la plata fácil a estos semi gringos!¨), después de unas semanas acá y tras un baño de realidad todo amenazó con irse al carajo, y finalmente se terminó estabilizando en unos parámetros relativamente ¨normales¨ (tan normales que nos terminamos quedando casi nueve meses en la misma ciudad).

Aprendí a vivir con lo que entra en una mochila, a compartir la casa con extraños, a trabajar de lo que sea y a vivir un poco más relajado. Eso sí, sigo siendo la misma persona de antes, tampoco es que descubrí la identidad zen y vuelvo listo a mi ciudad natal para combatir el crimen con una capa después de un arduo entrenamiento en las montañas (tengo que dejar de ver Batman).

Me gustó Nueva Zelanda, aunque confieso que esperaba más del país. Cuando embarcamos en Sydney rumbo a Auckland hace 365 días tenía adelante en la fila a un maorí grandote, con el pelo recogido, la cara tatuada, usando pollera y ojotas. Quedé fascinado, durante todo el vuelo imaginé que eso era sólo un adelanto de lo que veríamos durante todo el año, una especie de aldea tribal gigante convertida en país semi moderno.

Pero la realidad no tardó en desengañarme. Debe haber sido el único maorí con pollera que vi en mi estadía, y lo que encontré en cada lugar que fui fue una mala imitación de pueblitos estadounidenses (como esos que salen en las películas con los sheriffs comiendo donuts), con gente viviendo a las costumbres inglesas y ante una preocupante influencia de la cultura asiática (lugares de comida indios y tailandeses hasta en los pueblos más remotos). Los maoríes bien gracias, dejalos para los carteles y el haka.

Los kiwis son buena gente, algo ingenuos, medio brutos (prefieren gastarse haciendo fuerza que detenerse un segundo a pensar), amigables pero no muy sociables a la hora de hacerse amigos como nosotros estamos acostumbrados. Aman su país y eso es algo que está bueno, aunque no parecen tener demasiada conciencia del mundo que se expande más allá del océano.

Otra conclusión a la que tengo que llegar, y lamento profundamente desencantarlos, pero El Señor de los Anillos es una mentira. Sí, la filmaron acá, y encontrás algún que otro lugar relacionado a las películas, pero la verdad es que la gran mayoría lo hicieron por computadora y se necesita muuucha imaginación para ver una locación del film en un paisaje natural. Es como que te dicen: ¨este es el árbol en el que se apoyó Frodo mientras comía, y después por computadora le agregaron una montaña, tierra verde y neblina¨.

Por otra parte, la vida en Nueva Zelanda es muy tranquila, y si bien estuvo bueno al principio para relajar de todo el caos que suele ser Argentina al tiempo empieza a exhasperarte y aunque les cueste creerlo empezás a extrañar algun que otro piquete, una manifestacion en Tribunales para pedir democracia en Newell´s o un taxista puteándose con un colectivero, Algo, cualquier cosa que demuestre que están vivos.

Así que si a esta altura se lo preguntaban (si es que siguen leyendo bah), la respuesta es no: bajo ningún punto de vista me quedaría a vivir en Nueva Zelanda. Todavía sueño con recorrer Argentina en un motor home, ser presidente de Germinal y convertirme en un best seller admirado por la prensa y odiado por la crítica especializada por mi alto volumen de ventas.

Pero todavía no es momento para eso, antes tengo que seguir conociendo el mundo, recolectar experiencias, aprender idiomas y hacerme millonario. Disculpen si la crónica salió un poco aburrida y confusa, creo que yo necesitaba más escribirla que ustedes leerla, así que se agradece si han llegado hasta acá. Les mando un saludo desde algún rincón del planeta y si ven un libro mío en una librería no olviden comprarlo. Hasta pronto, y a Nueva Zelanda: GRACIAS TOTALES!

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4 comentarios en “Año uno

  1. laura dijo:

    Si, me tome el tiempo de leerte, porque mi cabeza no esta en esta oficina, siempre esta en cualquier parte del mundo y porque no? Lo voy a hacer!! Gracias por la info. Aguante la gente que se anima al Mundo! Y ni a palos me compraría tu libro best seller! jajaja Un Abrazo!

  2. Cecilia dijo:

    Te felicito querido sobri yo si comprare todos tus libros los lea o no , fue agradable llegar asta el final de tu nota te mando un abrazononon y haz todo y prueba todo al punto que no te quede nada en el tintero, de esa manera tendrás muchas historias que contarles a tus nietos ademas de que cuando mires para atrás puedas decir con placer y sin falso orgullo , LO HICE BIEN , AVANTI SEMPRE AVANTI .

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