La historia del siglo


Viajar a Moscú y San Petersburgo es recorrer en pocos días los hitos que marcaron la historia del siglo XX. La primera y la segunda guerra mundial, la revolución socialista de 1917, la guerra fría, la carrera espacial y la caída de los principales regímenes comunistas, entre otros. Atravesando estas dos grandes ciudades es posible reconocer las huellas que marcan la importancia que tuvo Rusia en estos sucesos.

Para esta etapa sumamos a dos nuevos compañeros de viaje: mis viejos, que hicieron todo el camino desde la Patagonia para encontrarnos en la capital de la ex Unión Soviética. Y aunque les había prometido que las temperaturas bajo cero no serían tan terribles, la realidad es que Moscú nos recibió con una persistente nevada y un frío considerable. Por esa razón no duramos demasiado en el mercado de Izmailovo, un laberinto de puestos de madera donde venden artesanías, antigüedades y souvenirs de lo más variados. Nos llamó particularmente la atención un curioso merchandising que existe sobre el actual presidente ruso Vladimir Putin, del que comercializan su figura en tazas, remeras, gorros y mamushkas. Algunas de las imágenes que utilizan son comunes y corrientes, pero tienen otras donde se lo ve a Putin en cuero montando un oso, cargando un arma o usando lentes de sol y campera de cuero a lo Indio Solari. Para darle a todo un tono incluso más bizarro también es posible comprar mamushkas de Stalin, Messi, Superman, Obama y Harry Potter, entre muchísimos otros personajes típicos rusos…

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Mamushkas globalizadas

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Putin superstar

Ya con mis viejos a cuestas acompañándonos contemplamos tres de las cosas más imponentes que tiene Moscú. En primer lugar, aunque no más importante que el resto, la Catedral de San Basilio, ese hermoso edificio con extrañas torres de colores en forma de cúpulas que sale en todas las postales. Según cuenta la leyenda, Iván el Terrible, zar que ordenó su construcción, cegó a los arquitectos que lo habían edificado para que nunca pudieran hacer algo tan bello de nuevo.

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Reencuentro en Moscú

Seguidamente, el mausoleo de Lenin, el importante líder comunista que llevó adelante la revolución de 1917 y que fue embalsamado tras su muerte en 1924. Gracias a esta decisión su cuerpo se conserva en perfectas condiciones y es posible visitarlo en el monumento que construyeron para albergarlo fuera de las murallas del Kremlin. Aunque no te dejan permanecer adentro más de algunos segundos, la visita es imponente por el calibre de la figura que se encuentra recostada en el centro de la sala, con el puño derecho cerrado y las banderas de la Internacional Comunista y de la Comuna de París franqueándolo.

En tercer lugar pero no menos sorprendente, el Metro. Contrariamente a lo que hayamos visto en cualquier otro lugar del mundo, las estaciones de subte de Moscú son verdaderos palacios bajo tierra. Cada una de ellas es diferente a la anterior, aunque todas coinciden en la predilección por el mármol, las grandes columnas, las opulentas arañas que cuelgan del techo y estatuas conmemorativas de diversos momentos de la historia rusa. El Metro es impresionante además por su profundidad, que alcanza los 85 metros, diseñado específicamente de esa manera para servir de búnker en caso de un posible ataque aéreo durante los años de la guerra fría.

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El Metro de Moscú, un “palacio para el pueblo”

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Pero Moscú tiene mucho más, como el Kremlin, la típica ciudadela de las ciudades rusas que alberga algunos de los edificios más importantes del gobierno, el ejército y la iglesia. Como en todos los lugares importantes, a la entrada te someten a un riguroso control de seguridad donde te hacen caminar a través de un detector de metales. Cuando fue el turno de mi viejo, el oficial ruso que lo supervisaba le preguntó algo en inglés que él no entendió, por lo que me llamó a mí para que le tradujera.

—Pregúntele si trae un arma —me pidió el policía muy seriamente.

—No trae ningún arma —le aseguré yo, entre nervioso e incrédulo.

—¿Una pequeña bomba quizás? —insistió.

Tras jurarle en todos los idiomas que no planeábamos volar el Kremlin nos dejó entrar.

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La Catedral de San Basilio y una de las entradas al Kremlin en la Plaza Roja

Una vez dentro lo que más llama la atención es la Plaza de las Catedrales, un solar de cemento rodeado por cuatro imponentes iglesias ostentosamente decoradas, una de las cuales guarda los restos de Iván el Terrible y sus hijos. Muy cerca de allí se encuentra la Campana Zarina, una maravilla del arte de fundición de metales que data del año 1600, y a unos pocos metros el Cañón del Zar, puesto en servicio en 1586, con un peso de casi 38 toneladas, una longitud de 5,34 metros y un calibre de 89 centímetros.

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Plaza de las Catedrales

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Campana Zarina

Otra prueba del importante rol ruso en la historia del siglo es el Museo de la Cosmonáutica, que relata la historia de la carrera espacial soviética. El sector más importante del museo recuerda a Yuri Gagarin, primer ser humano en el espacio, y a las perras Belka y Strelka, primeros seres vivos en orbitar la tierra y regresar con vida. En la misma sintonía, el Museo de la Gran Guerra Patriótica (denominación rusa para la Segunda Guerra Mundial), recrea de manera detallada los años en que la Union Soviética resistía la persistente invasión alemana. Teniendo en cuenta los sucesos posteriores, me resultó cuanto menos curioso observar una fotografía donde se los ve a Stalin, Churchill y Roosevelt charlando de manera amistosa en un sofá.

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La curiosa fachada del Museo de la Cosmonaútica

Aun con todo lo visto en Rusia, todavía nos esperaba una parada más antes de irnos: San Petersburgo, en el norte, casi en la frontera con Finlandia. Es una ciudad que ha tenido ciertos problemas con su identidad, ya que ha cambiado de nombre varias veces. Aunque en un principio se llamaba precisamente San Petersburgo, en 1914 fue rebautizada como Petrogrado porque la anterior denominación sonaba demasiado alemana y Rusia acababa de entrar en la Primera Guerra Mundial. En 1924 volvió a cambiar su denominación, pasando a llamarse Leningrado en honor del recientemente fallecido líder soviético Vladimir Lenin. Finalmente, en 1991, con la caída de la URSS San Petersburgo recuperó su nombre original que por el momento se mantiene.

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San Petersburgo

Fue la capital del país durante los años zaristas y se nota: es una ciudad más señorial, con amplias avenidas, numerosos canales (aunque todos estaban congelados) y edificios que constituían verdaderas obras de arte por su diseño. Sus catedrales son incluso más imponentes que las de Moscú, con las de San Isaac y la del Salvador sobre la Sangre Derramada a la cabeza. La de San Pedro y San Pablo, en la Fortaleza del mismo nombre, no es tan imponente, pero encierra mucha más historia, ya que alberga las tumbas de casi todos los zares de la historia rusa. Destacan especialmente las de Pedro I, fundador de San Petersburgo, y las de Nicolás II y su familia, fusilados por los bolcheviques un año después de la revolución.

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Interior de San Isaac

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Catedral del Salvador sobre la sangre derramada

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En San Isaac pedían donaciones para refaccionar la iglesia. Después de ver el interior no parecía necesitarlas…

No voy a volver a debatir sobre la decisión de acabar con el zar y los suyos a los tiros, pero San Petersburgo me dio nuevas cosas para considerar. Luego de conocer el Palacio de Invierno (ex residencia principal de los zares, actual museo Hermitage, el más grande del mundo) y el Palacio de Catalina la Grande, con toda su magnificencia y lujos interiores, no pude dejar de pensar en ese pueblo que vivía en las afueras de las murallas, soportando el frío, la nieve y una miseria absoluta. Es difícil pedirle a esa misma gente racionalidad y legalidad para con sus explotadores, cuando ellos mismos poco y nada recibieron de eso.

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El Palacio de Catalina, en Pushkin

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Un símbolo del cambio de paradigma que sucedió a la revolución es la cárcel del bastión de Trubestskoy, en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo. En ella fueron detenidos antes de 1917 algunos socialistas ilustres como León Trotski, el escritor Máximo Gorki y Aleksandr Uliánov, el hermano de Vladimir Lenin que fue ejecutado por atentar contra la vida del zar Alejandro III. Tras la caída del régimen zarista la misma cárcel pasó a albergar a los opositores al nuevo gobierno, especialmente los más allegados a Nicolás y su esposa Alexandra.

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La celda de Trotski

Finalizando con la cuestión histórica, visitamos el Smolny, un ex instituto de señoritas de la alta sociedad devenido en sede de los bolcheviques durante la Revolución de Octubre que fue testigo de importantes acontecimientos. En sus escalinatas fue asesinado Serguéi Kírov, un alto cuadro soviético cuya figura rivalizaba directamente con la de Stalin, de quien se dice que ordenó la muerte de su rival, aunque esto nunca pudo ser comprobado.

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Estatua de Karl Marx en las afueras del Smolny

Dos curiosidades más para destacar sobre nuestro paso por San Petersburgo: Pushkin, donde se encuentra el palacio de Catalina la Grande, fue la primera ciudad del mundo en tener luz eléctrica. Y el Metro de San Petersburgo es el más profundo del mundo, con una profundidad promedio de 60 metros y algunas estaciones que llegan a estar más de cien metros bajo tierra. Bajar por las escaleras mecánicas hacia el andén es un desafío al vértigo, y el viaje puede durar entre dos y tres minutos. Además, las estaciones más antiguas son igual de elegantes que las de Moscú, siguiendo la máxima soviética de que el lujo tenía que estar al alcance del pueblo. En lo que respecta al subte cumplieron ampliamente.

Con estas dos ciudades se terminaron nuestros 23 días en Rusia. Pasamos por numerosos paisajes, alojamientos, asentamientos urbanos, personas y períodos de la historia. Muchísimo para procesar y poco tiempo para entender. O es que quizás no hay nada que entender. Quizás únicamente se trate de una suma de acontecimientos y la verdad como tal apenas sea un punto de vista. O quizás tanto tiempo con temperaturas bajo cero me terminó afectando y ya no razono correctamente. Sólo por si acaso, procuraremos seguir este viaje por lugares más cálidos.

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3 comentarios en “La historia del siglo

  1. Lilian dijo:

    Qué lindo poder hacer esta experiencia, Facu. Me encanta leer las publicaciones. Esta fue tu ‘masterpiece’. Que sigan disfrutando! Besotes abrazotes de la pandilla!

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