Paseando por Roma


Italia nos resulta familiar. Por su cocina tan parecida a la nuestra, por la costumbre del cafecito en cualquier bar, por su idioma tan similar que nos hace creer que lo podemos hablar aun sin haberlo aprendido, por la importancia que le dan al fútbol, por la manera de expresarse a los gritos sin estar necesariamente enojados y muchas cosas más. No descubro nada al asegurar que gran parte de nuestras raíces como argentinos provienen de esta tierra. 

Roma, sin embargo, es una ciudad bien distinta a cualquiera de las nuestras. Prácticamente no tiene edificios modernos y sus construcciones más altas no superan los seis o siete pisos. Sus calles, muchas de ellas adoquinadas, son un laberinto sin lógica alguna que suben y bajan al ritmo de las colinas donde está asentada la capital italiana. Por esta razón perderse en la ciudad es fácil, pero de alguna manera siempre se termina volviendo al mismo lugar. Será por ese viejo dicho de la época imperial que aseguraba que “todos los caminos conducen a Roma”.

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Callecitas romanas

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Disfrutando del sol en una de las muchas plazas de Roma

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Un café con vista al Panteón, el edificio mejor conservado del Imperio Romano

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Caminamos mucho, porque es un lugar que se presta para eso. No importa la época del año en que se la visite, pareciera que Roma siempre tiene buen clima. Además hay gente en la calle a toda hora, es muy segura, animada y llena de rincones secretos imposibles de descubrir desde un vehículo.

Uno de esos sitios lo encontramos en el número 34 de la Via di Santa Chiara, cercano al Panteón. De afuera es un pequeño local que no llama la atención para nada y prácticamente nadie se detiene a observarlo con mayor interés. Pero el pequeño negocio encierra una gran curiosidad: es la sastrería de Annibale Gammarelli, que desde hace más de 200 años confecciona los atuendos del Papa. Qué sé yo, no todos los días se tiene la oportunidad de echar un vistazo al lugar donde se viste el mismísimo Santo Padre.

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El negocio donde el Papa compra sus pilchas

No muy lejos de allí, pasando la concurridísima Fontana di Trevi y llegando a Plaza Spagna, nos dimos el gusto de probar el que según muchos blogs especializados y nuestro amigo personal Nikete de Mayo es el mejor tiramisú del mundo. Por supuesto que esto no lo puede garantizar nadie, pero que estaba bueno seguro. El local se llama Pompi y tiene varias sucursales, pero la que fuimos nosotros queda en Via della Croce 82.

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La Fontana di Trevi como todos la imaginamos

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La realidad de cada día. La Fontana lleva más gente que Velez

Otra cosa interesante que vimos y que se me había escapado en una visita anterior lo encontramos dentro de la Iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén. En una esquina, casi escondida, hay una pequeña sala con una vitrina que contiene un pedazo de la cruz en la que fue crucificado Jesús, además de algunos de los clavos y espinas con que fue herido.

A menos de un kilometro se encuentra la imponente catedral de San Juan de Letrán, una de las cuatro basílicas papales de Roma, pero lo que más nos sorprendió está en un pequeño edificio cruzando la calle que de afuera no dice nada. Dentro se puede ver la Scala Santa, una escalera de mármol de 28 peldaños que pertenecía al palacio de Poncio Pilato en Jerusalén y por que la Jesús subió el Viernes Santo para ser juzgado. La escalinata es considerada un lugar sagrado por los creyentes, quienes la suben de rodillas.

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Iglesias y arte por doquier, postales de Roma

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Por supuesto que ninguna visita a Roma estaría completa sin visitar también sus lugares más famosos, sin repetir y sin soplar el Coliseo, el Panteón, la Fontana di Trevi, Piazza Navona, el Vaticano, el Trastevere, la Capilla Sixtina y muchos otros. A propósito de la Capilla Sixtina y el Museo del Vaticano, creo haber descubierto “el” método para entrar rápido sin hacer mucha cola. Nosotros fuimos tipo dos y media y entramos poco más de una hora después, pero cerca de las 4 (cuando no admiten más gente, aunque el museo cierra a las 6) la fila avanza mucho más rápido y terminan entrando todos en cuestión de minutos. Después lo prueban y me avisan.

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Qué sería de Roma sin él

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Piazza Navona

Una vez dentro del Museo del Vaticano es cierto que pasamos casi todas las salas a paso veloz porque sólo nos interesaba ver el famoso techo pintado por Miguel Angel, pero también nos detuvimos con asombro en otro recinto donde toda una pared estaba dedicada al Papa Francisco y su gusto por el fútbol, reflejado con numerosas camisetas de la selección argentina, brasileña (firmada por Pelé…) y San Lorenzo… Gracias Marcelo.

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La pared de San Lorenzo en el Vaticano, un daño irreparable

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Impresionante vista desde la cúpula del Vaticano

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Otra desde afuera

Si faltaba algo para relacionar todavía más Argentina con Italia lo encontramos en el Paseo del Gianicolo, una caminata muy agradable por la colina del mismo nombre que se ubica donde termina el Trastevere. A lo largo del recorrido encontramos un ceibo regalado por Argentina en 2011 celebrando los 150 años de unidad de los dos países, el faro Manfredi, un obsequio de los italianos que emigraron a Argentina a principio del siglo XX, y una placa de 2006 que conmemora los 30 años del último golpe militar argentino.

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El Paseo del Gianicolo también ofrece hermosas vistas de la ciudad

¿Qué más puedo agregar? Roma se siente tan cercana que hasta casi resulta aburrido. No lo digo en un mal sentido, pero se siente la falta de matices después de tanto tiempo viajando por países mucho más diferentes a nuestro mundo occidental. Casi no tenemos confusiones idiomáticas, la comida es la misma que en Argentina, no llamamos la atención por nuestros rasgos y los edificios nos recuerdan al casco histórico de Rosario. ¿Significa esto que el viaje perdió su emoción? Para nada, es apenas una justificación de por qué esta nota tiene más de guía de viaje que otras que parecen sacadas de los libros de “Elige tu propia aventura”.

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Monumento a Vittorio Emanuelle, primer rey de Italia

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El obelisco de Ramsés II que los romanos se chorearon tomaron prestado de Egipto

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La Boca de la Verdad, que muerde la mano a los mentirosos

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