Ciudad de D10S


Si le preguntan a cualquier ser humano más o menos coherente cuál es el mejor gol de Maradona les nombrará esa maravilla contra los ingleses en el mundial de 1986, cuando arrancó de mitad de cancha, eludió seis tipos, el arquero incluido, y definió con un suave toque al fondo del arco. Por el contrario, si realizan la consulta en Nápoles la cosa cambia. No es que desestimen las hazañas del 10 con la selección argentina, pero muy probablemente se inclinen por un gol de tiro libre que le hizo a la Juventus en el cual la pelota desafió las leyes de la física describiendo una parábola imposible en el aire.

En fin, búsquenlo en YouTube. La cosa es que los napolitanos aman al Diego sin reservas. No es para menos, no muchos imaginaban en la década del 80 que el mejor jugador del mundo terminaría fichando en un club que peleaba el descenso y cuyos sueldos estaban muy lejos de lo que podían ofrecer los ricos del norte del país como Milan o la mencionada Juventus. Por si fuera poco, de la mano de Maradona el Napoli ganó dos ligas italianas, una Copa Uefa, una Copa Italia y una Supercopa, elevando al argentino a la categoría de ídolo máximo casi a la misma altura que San Gennaro, el patrono local.

Más allá de eso, quizás este nivel de idolatría no hubiese sido posible en otro lugar. Me explico, Nápoles es una de las ciudades más pobres de Italia, tiene altos niveles de criminalidad para los estándares del país y por esta razón es sistemáticamente discriminada por sus compatriotas, especialmente los norteños. Bajo este trasfondo, la identificación de Nápoles con la historia personal del Diego fue total.

Se trata de mucho más que de ganar un par de títulos. Los napolitanos lo amaron sin reservas porque ademas de compartir los mismos orígenes humildes Maradona les enseñó a no agachar la cabeza ante los poderosos y los que los menospreciaban, le plantó cara a los mafiosos del fútbol, desechó ofertas millonarias para cambiar de club y le dio orgullo a una ciudad estigmatizada por el resto de Italia.

CIMG1460

Un famoso dicho napolitano dice: “Nápoles tiene el Vesubio, el golfo y Maradona”

CIMG1470

DSC_0234

CIMG1438

En la actualidad está tan vigente como hace treinta años. Su rostro se hace presente en todos los negocios de souvenirs en forma de camisetas, imanes de heladera, libros, postales, bufandas, llaveros, muñequitos, lo que sea. Y a cualquiera que le digas que sos argentino lo primero que te responderán (después de darte un afectuoso apretón de manos) será algo como: “Argentina! Maradona!”.

Las demostraciones de afecto no se quedan allí. Por ejemplo, en el bar Nilo de la calle Benedetto Croce el dueño armó un altar del Diego en base a dos pelos que presuntamente pertenecen a la cabeza de Maradona, y lo adornó con numerosas fotos, recortes de diarios, un poema y merchandising del Napoli. ¿Más? Un candidato a intendente de la ciudad tiene entre sus proyectos principales cambiarle el nombre al actual estadio del Napoli y ponerle Diego Armando Maradona o, si no es posible, vender directamente el San Paolo (el estadio en cuestión) y levantar uno nuevo en homenaje al Diego.

Foto 24-3-16 3 08 21 p.m.

El altar del Diego en el bar Nilo, en el centro de Nápoles

Foto 24-3-16 9 14 31 p.m.

Foto 23-3-16 11 11 17 a.m.

CIMG1440

Afiches comunes en los barrios napolitanos: “Si sos del barrio y de la Juventus sos una MI%&DA”

Pero la experiencia más maradoniana que tuvimos en Nápoles fue visitar el Museo de la familia Vignati, una joya difícil de encontrar que no aparece en ningún radar turístico. Es que nos parecía extraño que no hubiera ningún museo oficial dedicado al paso del diez por la ciudad, pero tras una exhaustiva búsqueda en internet Ro dio con un artículo periodístico en italiano donde hablaba de un museo itinerante llevado adelante por la familia del canchero del San Paolo y la ama de llaves del Diego durante los 7 años que vivió en Nápoles.

Buscamos un poco más hasta dar con la dirección y hacia allá fuimos. Nos bajamos en la última parada de la línea del Metro y caminamos unos dos kilómetros por un barrio de clase trabajadora hasta encontrar el lugar indicado. En el preciso momento que llegamos un hombre de unos cuarenta años despedía en la reja de la entrada a otra persona. Cuando notó nuestra presencia le explicamos en un rústico italiano que estábamos buscando el museo de Maradona.

El tipo sonrió y nos hizo pasar por un pasillo, luego bajó una escalera, abrió una pesada puerta de metal pintada con la cara del Diego, después otra que conducía a un estrecho corredor lleno de banderines de clubes de fútbol y finalmente una tercera que daba a una sala no mucho más grande que un comedor. Dentro había infinidad de camisetas de todos los clubes en los que jugó Maradona, pelotas reales de sus partidos, botines usados por él, fotos y hasta una copia del contrato que firmó con el Napoli en 1984.

CIMG1484

Con estos botines el Diego le hizo dos goles a Bélgica en la semifinal de México 1986. Quiero llorar!

CIMG1481

Una pelota de un partido contra el Torino donde el Nápoli ganó 3 a 1 con 2 goles del mejor

Foto 23-3-16 11 14 30 a.m.

Una vidriera cualquiera en Nápoles

DSC_0212

El hombre se presentó como Massimo Vignati, hijo de Saverio y Lucia, el canchero y la ama de llaves respectivamente. Quizás decirle ama de llaves suene un poco injusto, ya que también era la cocinera, la niñera de Dalma y Gianinna y casi una madre sustituta para el crack en Italia. Para que no queden dudas de la veracidad de la historia, Massimo también nos mostró fotos de una visita reciente de Maradona a Nápoles donde posa con él y le da un cálido abrazo a Lucia.

Después de ver un montón de reliquias del mejor jugador del mundo Massimo nos preguntó en qué habíamos llegado y tras contarle de nuestra caminata desde el Metro se ofreció a llevarnos en auto a la estación. A pesar de nuestra negativa inicial insistió y durante el viaje nos contó de su relación actual con Hugo, hermano del Diego que vive en Nápoles, y de la discriminación que sufre la ciudad respecto a sus pares del norte como Turín y Milan. Por si hace falta aclararlo, no nos cobró ni un peso por nada.

A pesar de que por estas cosas la visita a Nápoles ya hubiera valido totalmente la pena también aprovechamos nuestra estadía para visitar Capri y Pompeya, dos de los sitios más turísticos que ofrece el sur de Italia. Capri es una hermosa isla al estilo de Santorini en Grecia pero con mucha más vegetación. Si bien no tiene playas de arena el mar de color turquesa y sus pequeños poblados asentados en la montaña le dan un encanto natural.

CIMG1506

Capri, y subimos caminando!

DSC_0244

DSC_0251

Callecitas de Anacapri, el pueblo más alto de la isla

Pompeya, en tanto, es una famosa ciudad del Imperio Romano que en el año 79 DC fue completamente arrasada por una fuerte erupción del volcán Vesubio. A pesar de la destrucción y las muertes ocasionadas, el mismo hecho de haber sido alcanzada por lava volcánica permitió que las ruinas se preserven mucho mejor que otras de la misma época.

CIMG1523

Pompeya

CIMG1524

DSC_0261

Pintura original de un negocio que funcionaba en Pompeya. Adivinan de qué se trataba?

Nápoles podrá no ser la ciudad más bonita de Italia, tal vez ni siquiera del sur del país. Aun así, quedará para siempre en nuestra memoria como uno de los lugares que más nos impactaron en este viaje. La calidez de su gente y su vínculo con Argentina a través de nuestro ídolo común la convierten en un lugar imprescindible para cualquiera que no tenga un corazón de piedra. Como bien dicen los napolitanos: “quien ama nunca olvida”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s