Dicen que soy aburrido


El humorista inglés Bob Monkhouse solía contar un chiste: “Fui una vez a Bélgica. Estaba cerrado”. Está claro que la fama de aburrido y sin identidad precede a este pequeño estado a medio camino entre Francia y Holanda. Bélgica es un lugar —últimas amenazas terroristas al margen— donde nunca parece suceder nada interesante. Uno de esos países que ni idioma propio tienen —los oficiales son el francés, neerlandés y alemán— y que más bien les convendría fusionarse con alguno de sus vecinos.

Pero, como suele suceder casi siempre en estos casos, una vez que se lo recorre un poco uno descubre que Bélgica tiene sus cosas y que es algo más que hermosas ciudades medievales de postales como Brujas y Gante. Por mencionar algo, es un centro histórico muy importante en la historia europea, ya que fue escenario de muchas grandes batallas en los últimos 200 años. Waterloo —la famosa caída de Napoleón—, Lieja —primer enfrentamiento de la primera guerra mundial— y las Ardenas —una de las últimas grandes ofensivas alemanas de la segunda guerra— son algunos de los escenarios que dejaron su huella en suelo belga.

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Brujas

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Gante

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Bruselas

Bruselas, además, es en la actualidad la capital institucional de la Unión Europea y sede central de la OTAN —de ahí que los extremistas la tengan siempre en la mira— con lo cual, aunque el nombre de Bélgica no se mencione demasiado en letras grandes, es un centro importante de la burocracia internacional donde se toman medidas que afectan a gran parte del mundo.

Por si todo esto fuera poco, en Bélgica se inventaron las papas fritas, es la cuna de una de las mejores tradiciones de historieta del planeta —junto con la japonesa y la estadounidense— y tiene un club de fútbol que se llama Germinal. ¿Cómo no visitar un lugar así?

Llovía cuando llegamos a Gante, al igual que el día que fuimos a Brujas y cuando nos trasladamos a Bruselas. De hecho, llovió todos los días que estuvimos en el país, como para dejar en claro que los cielos encapotados no son patrimonio exclusivo de los londinenses. Según estadísticas, llueve un promedio de al menos 50 milímetros todos los meses, lo cual no sé qué significa pero es mucha agua. Y si bien soy de los que les gusta sentarse a escribir y comer medialunas puertas adentro oyendo la lluvia caer, salir a recorrer bajo un aguacero constante no termina siendo del todo agradable.

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Brujas: hermoso… y nublado

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Gante, maravilla medieval… bajo un cielo plomizo

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Gran vista de Bruselas… y el horizonte que amenaza lluvia

Segunda cuestión negativa: Germinal no existe más. Tristemente nos enteramos que el homónimo  belga del Verde de Rawson pasó a mejor vida en mayo de 2013 aquejado por una fuerte crisis financiera. Germinal Beerschot —nacido de la fusión del Germinal de Ekeren y el Beerschot AC de Het Kiel, ambos suburbios de Amberes—, que supo ganar dos Copas de Bélgica en su larga pero no tan fructífera historia, se declaró en bancarrota, perdió su licencia como equipo profesional y dejó libres a todos sus jugadores. Curiosamente, la última noticia que reflejó su sitio web oficial fue la alegría por la extensión del contrato del argentino Gustavo Colman, quien supo triunfar deambular en Central. “Con esta decisión subrayamos una vez más nuestras ambiciones deportivas” aseguraba el CEO del club. Con un criterio así no es difícil entender por qué desaparecieron…

Pero salvando estas pequeñas cuestiones deportivo-climáticas Bélgica es un sitio de lo más agradable. Están tan orgullosos de sus tradiciones que en Brujas abrieron el Museo de la Papa Frita para contar la historia de tan notable alimento. Resulta que la papa como planta llegó a Europa desde Perú en los barcos de algunos de los muchos conquistadores durante el siglo XVI, pero no fue hasta doscientos años más tarde que a alguien se le ocurrió cortarla en pedazos pequeños y cocinarlos en aceite hirviendo. Según el museo, la genial idea fue de unos aldeanos belgas que tenían la costumbre de pescar y freír las pequeñas piezas que sacaban, que cuando el río se congeló en un invierno especialmente duro reemplazaron los peces por las papas y las cortaron y cocieron de la misma manera.

Los franceses, sin embargo, reclaman para sí el derecho de invención de las papas fritas y aseguran que se originaron a fines del 1700 en París. La versión es creíble porque algunos documentos antiguos mencionan una comida así en la época y además está el hecho de que en inglés a las papas fritas se las llama “french fries”. Los belgas responden a esto que la culpa es de los yankis, quienes probaron las papas fritas durante la Primera Guerra Mundial y las denominaron “francesas” porque era el idioma local y los brutos creían que estaban en Francia. Personalmente, me gusta más el romanticismo de la versión belga.

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Un museo para las papas fritas. ¿Cómo no vas a querer a gente así?

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Testeo de calidad

Lo que sí nadie puede discutirle a Bélgica es ser cuna de una de las tres grandes escuelas de comic a nivel mundial, la franco-belga, que aunque incluye a sus vecinos franceses por una cuestión idiomática y de estilo no se comparan en calidad y cantidad, salvando quizás el caso de la francesa Asterix. Por lo demás, historias belgas como Tintín, Lucky Luke, Blake y Mortimer, Los Pitufos, Gaston Lagaffe y Titeuf se han convertido en verdaderos íconos del género en todo el mundo.

Bruselas ha sabido explotar bien esta veta, ya que a partir de los 90 convocó a sus mejores artistas para que pintaran enormes murales en viejas fachadas de la ciudad con imágenes de sus historietas más famosas. Recorrer la capital siguiendo esta “ruta del comic” es muy interesante, ya que además de retratar a grandes héroes de la ficción algunos de los murales juegan de forma muy creativa con el entorno que los rodea.

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Tintín

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Interesante mezcla con el contexto

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Mientras seguíamos la pista del comic belga a través de las calles de Bruselas nos llamó la atención la multiculturalidad de los barrios. Zonas como Molenbeek recuerdan más a Estambul que a una ciudad belga, por la cantidad de musulmanes que se ven en la calle y los puestos de venta que se agolpan en las veredas. Llamativamente, los barrios están tan delimitados que otras áreas parecen estar habitadas únicamente por africanos. Una muestra a escala de la nueva geografía social europea del siglo XXI.

Por supuesto que hay zonas que se resisten al cambio y mantienen el orden y el aspecto clasista de siempre, como el coqueto barrio Europeo que alberga la mayoría de las instituciones de la Unión Europea. Hasta allí llegamos para conocer el Parlamento Europeo por dentro, un enorme y moderno recinto donde más de 700 diputados elegidos por el voto popular en todos los países de la unión ejercen la función legislativa de la comunidad. Pese a sus aires de importancia, recuerdo como en la serie danesa Borgen uno de los personajes, ante la posibilidad de ser enviado a Bruselas para formar parte del Parlamento, se siente decepcionado por considerarlo su “muerte política”.

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Manneken Pis (literalmente “niño que mea”). Curiosa estatua en una fuente de Bruselas

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El Atomium, otra extraña estructura en la capital

Ya se ve que la mala fama de Bélgica se ha extendido entre sus compañeros de continente, pero no es para alarmarse. Aunque llueva mucho y sus clubes de fútbol sean financieramente inestables, sus papas fritas, historietas y el mejor chocolate del mundo bien valen una visita.

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Waffles y chocolate caliente. ¿Qué más?

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