Un libro abierto


El centro histórico de Londres abunda en incomodidades. Las obras en construcción, las hordas de gente que entran y salen de las bocas del subte, las columnas de turistas que se detienen a hacer fotos en el medio de la vereda, los nativos y foráneos que hacen malabares para caminar llevando el diario en una mano, el café en la otra y el celular pegado a la oreja, los grandes colectivos rojos de dos pisos que encallan en todas las esquinas, las sirenas policiales, los músicos ambulantes… En fin, nada muy diferente de lo que puede verse en cualquier otra urbe del mundo.

Lo interesante de Londres es la cantidad de referencias literarias que pueden apreciarse por metro cuadrado. Ya sea por el mal clima que los obliga a estar encerrados, por sus más de 2 mil años de historia o por la necesidad de escapar, más no sea a través de la imaginación, de los límites naturales que impone vivir en una isla, la tradición escrita tiene mucho arraigo en Gran Bretaña en general, y en su capital en particular. Para dar una idea de la densidad literaria de la ciudad les propongo un paseo imaginario.

¿Por dónde empezamos? Situémonos en la estación de trenes de Whitechapel, en el East End londinense. Justo detrás está la pequeña Durward Street, escenario del primer asesinato de Jack el Destripador en 1888. ¿Y qué tiene que ver el asesino serial más famoso de la historia con la literatura? Bueno, además de ser objeto de estudio en una gran cantidad de libros, está la curiosidad de que Lewis Carroll, autor de la lisérgica y genial Alicia en el país de las maravillas, fue indicado como uno de los sospechosos de ser en realidad el Destripador. Tal singular acusación fue lanzada en 1996 por el autor Richard Wallace, cuyas supuestas pruebas eran frases crípticas contenidas en los libros de Carroll años antes de la matanza de 1888. Según esta interpretación, el escritor dejó allí pistas anticipando los crímenes que planeaba cometer.

Caminemos ahora hasta Leadenhall Market, un mercado techado que data del siglo XIV y cuya espléndida fachada victoriana fue utilizada como escenario para representar en el cine el callejón Diagon, el lugar donde Harry Potter —probablemente el mayor fenómeno literario del siglo XXI— compra sus libros y artilugios mágicos. Si de allí bajamos por Gracechurch Street y cruzamos el río Támesis llegaremos pronto al Globe Theatre, donde otro fenómeno literario dio sus primeros pasos, aunque 400 años antes. El teatro fue construido por la compañía teatral de William Shakespeare en 1599 y allí se interpretaron sus obras más famosas, como Hamlet, El rey Lear y Romeo y Julieta. El Globe Theatre fue demolido a mediados del siglo XVII y no sería hasta 1997 que volvería a abrir sus puertas, manteniendo el estilo original del edificio. Dentro, sin embargo, se observan algunos cambios. Como una máquina que escribe las obras completas de Shakespeare en base a tuits que va tomando de la red social Twitter. La máquina sólo puede escribir palabras que encuentre en tiempo real en Twitter y, cuando se da el caso de que no las encuentra —los vocablos de hoy no son los mismos que los de hace 500 años—, las muestra en una pantalla para que los visitantes puedan tuitearla en el momento y ayudarla a seguir.

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Leadenhall Market, o Diagon Alley

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La máquina que escribe Shakespeare en base a Twitter

Volvamos a cruzar el río para meternos de lleno en la city y llegarnos hasta el número 48 de Doughty Street, donde Charles Dickens vivió con su esposa e hijos durante algunos años. Dickens fue uno de los autores que mejor describió el Londres victoriano —época cumbre de la revolución industrial—, con sus callejuelas neblinosas, sucias y llenas de hampones conviviendo a poca distancia con las mansiones y los parques más lujosos. La novela Oliver Twist es una forma muy amena de acercarse a los relatos de Dickens y al Londres de la época.

Si regresamos un poco sobre nuestros pasos y tomamos la avenida Kingsway pasaremos frente al Virginia Woolf Building del King´s College, nombrado de esa manera en honor a su estudiante más famosa. Woolf fue una escritora algo ignorada en su época pero redescubierta durante la década de 1970 gracias a sus obras de claras influencias feministas, algunas de las cuales exponen las dificultades de las mujeres para consagrarse a la escritura en un mundo dominado por los hombres.

Dejemos atrás la avenida para adentrarnos en los pasadizos del barrio de Covent Garden, una de las zonas más de moda en Londres. Llegando a la intersección de seis calles cercana a Leicester Square encontraremos una estatua que homenajea a otra gran escritora mujer, en este caso Agatha Christie. La “reina del crimen” publicó algunas de las mejores novelas policiacas de la historia, como Asesinato en el Orient Express, Diez negritos y El asesinato de Roger Ackroyd, y sus libros se cuentan entre los más vendidos en todas partes del mundo. A pesar de que su estatua está algo abandonada y algunos músicos callejeros la utilizan de escenario para sus presentaciones, cualquier lector fanático que se precie debería pasar por allí a brindar una reverencia.

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Covent Garden

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Y si de escritoras hablamos no podemos ignorar a JK Rowling, la autora del ya citado Harry Potter,  cuyas obras iniciaron a millones de niños, adolescentes y jóvenes en la lectura. Las referencias y escenarios de filmación sobre la historia del mago pueden encontrarse por todas partes en Londres, pero uno de los sitios que más nos gustó —aunque lejos de encontrarse entre los más populares— fue el corto y estrecho callejón de Goodwin´s Court, en el que muy probablemente Rowling basó el ficticio Nokturn Alley de las novelas, la calle donde los magos tenebrosos se reúnen.

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El sombrío Nokturn Alley

A esta altura del recorrido pueden estar cansados, así que es un buen momento para descansar un poco y tomar una cerveza en alguno de los cientos de miles de pubs que tiene Londres, con clientes bebiendo a toda hora. Para no abandonar la tradición literaria les propongo que nos sentemos en The Sherlock Holmes, un pub en Northumberland Avenue que en los libros de Arthur Conan Doyle era el emplazamiento del hotel ficticio Northumberland Arms, el lugar donde Henry Baskerville se hospeda en la famosa novela El sabueso de los Baskerville.

Los pubs ingleses son muy homogéneos. Sus fachadas abundan en madera, colores opacos, canteros con flores y adornos de hierro. Dentro, la madera se multiplica, siempre hay una o dos pantallas pasando deporte —en julio Wimbledon es prioridad— y en la barra se encuentran distintos tipos de cerveza tirada o vino, las dos bebidas más vendidas por excelencia. Otra característica que comparten la mayoría de los pubs son sus nombres grandilocuentes. No importa si están en un oscuro callejón del East End o en el corazón de la city, todos tienen denominaciones tan espectaculares como Prince of Wales, Marquis of Granby, Royal Albert o Amersham Arms, por ejemplo.

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Si ya se acabaron la cerveza volvamos a la calle y acerquémonos a la zona de Saint James, conocida por sus lujosos y exclusivos clubes alineados principalmente sobre la coqueta calle de Pall Mall. Son lugares donde la gente importante se reúne a leer la prensa, intercambiar opiniones varias, apostar, comer y tomar un trago. Antaño no dejaban entrar mujeres, aunque algunos ya se han flexibilizado. En esta zona se ubicaba en los libros el Club Diógenes de Mycroft Holmes, donde los socios, todos hombres, no podían hablar en absoluto. Además, en el 104 de Pall Mall está el Reform Club, que también dejó su huella en la literatura: desde allí inició su viaje Phileas Fogg en La vuelta al mundo en 80 días.

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Desde fuera, el Reform se ve bastante austero. Pero adentro…

Y ya que estamos tan cerca no podemos dejar de atravesar Piccadilly Circus y recorrer el barrio del Soho, famoso refugio de escritores durante el siglo XIX, atraídos por el ambiente bohemio, los pequeños teatros, los restaurantes baratos, las salas de música y, principalmente, las prostitutas.

A Oscar Wilde, autor de El retrato de Dorian Gray, le encantaba pasar las tardes bebiendo en el bar del Hotel Café Royal de Regent Street. Y Sherlock Holmes, en la ficción, frecuentaba numerosos fumaderos de opio en la zona. A propósito de Sherlock, su hogar de 221B Baker Street queda algo lejos del circuito propuesto, así que lo dejaremos para otra ocasión. Vale destacar que en esa dirección se encuentra el museo de Sherlock Holmes, y aunque está verdaderamente sobre Baker Street el número exhibido no es el que realmente le correspondería, ya que el edificio se levanta entre el 237 y el 241.

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De día, el Soho luce mucho más amigable

Un esfuerzo más que nos acercamos al final. Si tomamos Grosvenor Square, atravesamos el Hyde Park y cruzamos Carriage Drive entraremos en Kensigton Gardes, originalmente una zona de caza para la familia real y más tarde abierto como parque público. Es uno de los nueve Parques Reales de Londres, administrados por la Corona Británica pero concesionados a la ciudad para el libre uso de los ciudadanos. Encajonado entre Kensington High Street, Palace Avenue, Bayswater Road y la mencionada Carriage Drive, el Kensigton Gardens es el más bonito de todos.

Llegados a este punto, permítanme una pequeña digresión para comentar esa extraña afición inglesa a llamar a las calles de distintas maneras. Una street es más larga que un way pero más corta que una road. A su vez, el drive es un pedazo de street más ancho que un lane, que sin embargo supera en amplitud al alley. Si la calle tiene más de dos carriles es una avenue, pero si se le añade un cantero en el medio es un boulevard. Si es redonda es un circle y, si describe una superficie cuadrada, un square. ¿Confuso? Piensen que dejamos afuera de la cuestión los mews, crescent, grove, path, promenade, gate, court, terrace y un largo etcétera.

Pero volvamos a Kensington Gardens. Además de ser el centro recreativo de gran parte de los londinenses, es la locación donde vivía Peter Pan, el niño que no quería crecer creado por James Barrie. El parque homenajea al personaje con una lúgubre estatua donde se lo ve a Peter tocando una especie de flauta y a Wendy espiando debajo de sus pantalones en una pose algo sugerente. No es el mejor homenaje al héroe infantil, verdaderamente.

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Kensington Gardens

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Peter Pan, el ídolo de los niños

Así llegamos al final de este recorrido. Es tiempo de regresar a casa y ponerse a resguardo porque ese cielo plomizo presagia lluvia. Al fin y al cabo, estamos en Londres.

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2 comentarios en “Un libro abierto

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