Dicen que soy aburrido

El humorista inglés Bob Monkhouse solía contar un chiste: “Fui una vez a Bélgica. Estaba cerrado”. Está claro que la fama de aburrido y sin identidad precede a este pequeño estado a medio camino entre Francia y Holanda. Bélgica es un lugar —últimas amenazas terroristas al margen— donde nunca parece suceder nada interesante. Uno de esos países que ni idioma propio tienen —los oficiales son el francés, neerlandés y alemán— y que más bien les convendría fusionarse con alguno de sus vecinos. Seguir leyendo

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