Vacaciones de las vacaciones

Viajar, aunque sea por placer, cansa. No voy a ser tan caradura de decir que es lo mismo que trabajar, pero después de dos meses y medio yendo y viniendo sin lugar fijo por más de una semana necesitábamos un descanso antes de llegar a Australia y volver al circuito laboral. Además, salía la misma plata volar directo desde Tokio a Melbourne que hacerlo en escalas y quedarse una semana en Indonesia haciendo nada. Justo Indonesia, nuestro país preferido… Seguir leyendo

Cruzando la isla de Java

Sentado en un tren rumbo a Yakarta contemplo a través de la ventanilla los últimos momentos en Indonesia, el primer país asiático que he conocido. Con todo lo irresponsable que resulta sacar conclusiones apresuradas sobre un lugar en el que únicamente has estado de visita, no es un secreto que no me ha parecido ninguna maravilla. Aun así, siempre es enriquecedor salir de la burbuja personal y ver cómo vive el resto del mundo, justificando así esa frase que muchas veces no solemos entender del todo que dice ¨viajar es cultura¨.

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La gran travesía: hacia el fuego azul del Kawah Ijen

Entre los lugares que queríamos conocer antes de venir a Indonesia el que encabezaba todas las listas era el volcán Kawah Ijen, famoso por un extraño fenómeno natural que lo hace expulsar llamas azules que solo se ven durante la noche. El principal problema es que está fuera de cualquier circuito turístico y para llegar allí hay que hacerlo por tu cuenta, con todo lo que ello implica en un país como Indonesia: negociar con estafadores, transportes incómodos, alejarte de los sitios donde hablan inglés, entre otras cosas.

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Al calor de las masas

Eran las 11 de la noche y hacía 45 grados. Después de hacer una larga fila para pagar la visa de entrada al país junto a decenas de australianos jóvenes, rubios, fornidos y bronceados listos para invadir las playas de Bali, entramos oficialmente en Indonesia. Las diferencias entre los australianos y nosotros (pelo oscuro, baja estatura, mal vestidos y demacrados por el viaje) se apreciaba a la legua, pero los locales no hicieron distinción cuando, tras poner un pie fuera de la zona de migraciones, nos abordaron a todos para ofrecernos transporte al centro de la ciudad. Seguir leyendo