Una cuenta en Suiza

Yo tenía una cuenta en Suiza. No como las de Prat Gay o Lázaro Baez, llenas de dólares de dudosa procedencia, sino una cuenta pendiente, relacionada con un anhelo de juventud. Quizás fuera mi gusto por las montañas, el chocolate y el clima invernal, o tal vez estaba relacionado con el hecho de que era el lugar donde mi ídolo de la infancia Sherlock Holmes moría a manos del profesor Moriarty —después nos enteraríamos que sucedió al revés, pero la historia ya nunca sería la misma. La cuestión es que Suiza me ilusionaba, y mucho. Seguir leyendo

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