De catalanes y argentinos

España se siente raro. Después de casi tres años de viajar por países con idiomas desconocidos, llegar a un lugar donde hablan castellano es como un error de guión. Todavía no termino de acostumbrarme a decir “gracias” en vez de “thank you”, “hola” en lugar de “hello” y “sí, entiendo perfectamente” antes que “what???”. El idioma español en la vía pública se me hace tan extraño que ni me llama la atención escuchar que abusan del “joder”, “vale” y “coño”. Seguir leyendo

La Costa Azul

Es un hecho que si uno piensa en vacaciones en una playa paradisíaca no se imagina precisamente viajando a Europa. El Caribe, Brasil o Tailandia seguramente surgirán como posibles destinos si lo que se busca es tumbarse en la arena a disfrutar del sol y darse ocasionales chapuzones en el mar. Pero esto no siempre fue así. Hasta fines del siglo XX, la línea costera en el sur de Francia era considerada uno de los centros mundiales del turismo, especialmente para los ricos y acomodados de clase alta de los países vecinos. Seguir leyendo

Una cuenta en Suiza

Yo tenía una cuenta en Suiza. No como las de Prat Gay o Lázaro Baez, llenas de dólares de dudosa procedencia, sino una cuenta pendiente, relacionada con un anhelo de juventud. Quizás fuera mi gusto por las montañas, el chocolate y el clima invernal, o tal vez estaba relacionado con el hecho de que era el lugar donde mi ídolo de la infancia Sherlock Holmes moría a manos del profesor Moriarty —después nos enteraríamos que sucedió al revés, pero la historia ya nunca sería la misma. La cuestión es que Suiza me ilusionaba, y mucho. Seguir leyendo

Paris, je ne t’aime

La mayoría de la gente tiene un idilio con París. La suelen asociar con valores como el amor, la libertad y la elegancia, incluso aunque nunca hayan estado allí. Imaginan caminar por sus callecitas empedradas a la medianoche, hacer un picnic frente a la torre Eiffel, perderse entre sus galerías del siglo 18, tomar un café en los Champs-Élysées o celebrar el día de los novios a la luz de la luna reflejada en el Sena. Sí, la mayoría de la gente ama París. Yo no. Seguir leyendo

Entre el hielo y el fuego

Islandia hace que uno se trague sus palabras constantemente. Después de cada nueva maravilla natural contemplada —especialmente cuando se trata de una preciosa aurora boreal en el cielo— es inevitable pensar “bueno, ahora sí que nada más podrá sorprenderme”. Pero con siete días de viaje por delante y casi tres cuartos del país por ver, sí que podríamos seguir sorprendiéndonos. Seguir leyendo

Las estrellas me vieron cruzar

Reikiavik, la capital de Islandia, tiene muchas cosas interesantes para ofrecer, pero el plato fuerte del país está en la naturaleza, cuya fuerza no se manifiesta con tal intensidad en ningún otro lugar del mundo. Por eso, para conocer Islandia a fondo alquilamos una campervan —vehículo grande que permite dormir y cocinar dentro— y nos lanzamos a la ruta con el objetivo de darle la vuelta a la isla en diez días. Seguir leyendo

La capital del norte

Cuando el avión se deslizó suavemente sobre la pista de aterrizaje del aeropuerto de Keflavík nos invadió una sensación extraña, difícil de poner en palabras. Llevábamos tanto tiempo leyendo sobre Islandia, imaginando cómo sería, que se sentía raro estar finalmente allí, comprobar que efectivamente existía. El sueño de años acababa de hacerse realidad y no sabíamos muy bien cómo reaccionar. Seguir leyendo