Por los pasillos de Oxford

Una de las consecuencias de vivir en un mundo globalizado es el hecho de que se puede hacer casi cualquier cosa desde prácticamente cualquier lugar. Podemos estudiar chino desde un monoambiente en Caleta Olivia o ver en vivo el estreno del último capítulo de esa serie lituana que tanto nos gusta sin movernos del sillón. Pero, y esto es una opinión muy personal, no es lo mismo. Hay lugares identificados especialmente con ciertas cosas. No es lo mismo comerse una pizza en una trattoria de Nápoles que hacerlo en un lujoso restaurante italiano de Palermo. No es lo mismo ir a la cancha en Rosario que asistir a un partido de beisbol en Toronto. No es lo mismo hacer un curso de reparación de PC en Auckland que estudiar en la Universidad de Oxford. Seguir leyendo

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